Budapest: dos ciudades fundidas por el Danubio
Suele decirse que el Danubio divide Budapest en dos partes que son las que dan nombre a la ciudad: Buda y Pest. La realidad es casi lo contrario. El gran río une las dos antiguas ciudades formando una sola. Es este río prodigioso el que da sentido a la capital de Hungría, el que permite apreciar en su verdadera dimensión las dos partes. La mejor forma de apreciar su dimensión y belleza es admirar Pest desde las colinas de Buda y contemplar Buda desde el Parlamento en Pest. De esta forma se tiene una idea muy completa de su tamaño, se valoran las proporciones y resulta muy fácil localizar los edificios que se quieren visitar. Todo ello es posible gracias a la perspectiva que el Danubio proporciona. La belleza de los edificios reflejada en sus aguas forma, sobre todo al atardecer, un espectáculo difícil de describir.
Y es que el agua, curiosamente, tiene un papel protagonista en la capital de este país sin orillas al mar. El agua de este Danubio que recorre el país de norte a sur. El agua de los manantiales que han permitido crear en Budapest una rara cultura de culto al cuerpo que se practica en los que pueden ser clasificados como los mejores balnearios de Europa.

Una visita a Budapest no se entiende sin el recorrido por las joyas de Buda: el Bastión de los Pescadores, la iglesia Matias, el Palacio Real que hoy alberga varios museos, el barrio del Castillo o… el Museo del Vino que permite por un precio único conocer y saborear hasta 50 variedades de deliciosos vinos húngaros. En Pest es imprescindible la visita al Parlamento (sólo en grupos y con rígidos controles de seguridad), el Puente de las Cadenas, la Ópera, la Plaza de los Héroes, el Parque Municipal, el barrio judío, las calles Vaci y Andrássy y la plaza Vörösmarty, las más animadas de la ciudad.




