Kelaa M’Gouna: el valle de las rosas
Cuando se está en Marruecos no se puede dejar de visitar Kelaa M’Gouna, uno de los últimos oasis que hay en el sur del país antes que el Sahara devore todo con sus arenas infinitas
Es mayo, primavera en el sur de Marruecos, y los rosales del Valle del Dades estarían en flor si no fuera porque las mujeres se apuraron a cosecharlos antes de que los pétalos perdieran su juventud. En cada recoveco de este valle salpicado de oasis crecen rosas de una especie llamada damascena. La leyenda cuenta que la primera planta llegó en alguna caravana desde la ciudad santa de la Meca, hace unos 300 años y que creció en el oasis de Kelaa M’Gouna, a 1.400 metros de altura. Después, los agricultores las usaron para delimitar sus tierras y más tarde las rosas perfumaron toda la región.
Cada familia del valle tiene su plantación. No son parcelas prolijas y delimitadas al estilo occidental, sino porciones de tierra más o menos irregulares que rebosan de arbustos enredados, salvajes, deliciosamente perfumados en primavera. Y también hay plantas sin dueño, que crecen silvestres a los costados de los caminos, a los pies de las montañas, en cada rincón donde haya alguien dispuesto a robar unos pétalos.
En primavera las familias nómadas del sur se alejan del desierto para no morir bajo el sol del verano. Buscan un oasis donde pasar la temporada, pero primero tienen que llegar a Kelaa M’Gouna, porque nadie que estuviera por la zona en el momento preciso dejaría de hacerlo y mucho menos un nómada: todos los años, la segunda semana de mayo, durante tres días, se festeja el fin de la cosecha de las rosas en el pueblo donde crecieron por primera vez. (más…)



