La Habana: pura y dura. Engancha y enamora
Visitar La Habana no es visitar una ciudad cualquiera. Desde el primer momento en que se pisa la isla, el viajero se empapa de una sensación de ritmo, vida, calor, y sobre todo de gentes, gentes que viven en la calle, porque la calle es la vida en La Habana, sobre todo en la Habana vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1981.

Pero vayamos por partes. La mejor época para visitar La Habana es de diciembre a abril, cuando el porcentaje de humedad es mucho más bajo en este agradable subclima tropical. La Habana recibe al viajero en un ambiente nada extraño. Parece que sea una ciudad fácil de recorrer, nada complicada de descubrir, abierta al mar en ese interminable paseo del Malecón, de más de 5 kilómetros que merece la pena ser recorrido aunque para ello se necesiten unas cuantas horas de paseo. Centro estratégico de La Habana, el Malecón es un punto de orientación ideal. Flanquea todo el barrio del Vedado y del Centro hasta la Habana Vieja. La avenida seria sin duda la mas hermosa del mundo si las casas no se hubieran descuidado durante mas de treinta años.
Merece la pena ir visionando los personajes que se aposentan en el Malecón para pescar, para tontear, para descansar, para dormir, para comer, para enganchar al viajero si pretende «conversar», para ofrecer el periódico Gramma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, o para vender una moneda de tres pesos con la imagen del Che por el módico precio de un euro.

El Malecón y La Habana Vieja es la vida pura y dura de esta isla que desde 1959, cuando el triunfo de la revolución de Fidel Castro, vive en su propio mundo, un mundo que para el viajero es todo un descubrimiento, difícilmente igualable en otras partes del planeta. La Habana engancha y enamora. La Habana provoca que vuelvas. (más…)

